A los que juegan a perderte déjales ganar, déjalos triunfar.

A los que juegan a perderte déjales ganar, déjalos triunfar.

Porque lo fueron todo para ti; y ahora no serán nada. Recuerdo marchito del ayer han de ser sus memorias. Pues ni él te merece, ni tú le necesitas. Porque mendigar no está entre tus planes, quien se va es por que quiere. No tienes porque estar buscando como su tú fuiste el culpable de lo que pasó.

A los que juegan a perderte, déjales que la vida los aparte de ti. Porque la misma te dice quien vale la pena, quien no; y quien no merece ni un minuto de tu vida. Deja de luchar por alguien que no te quieren, deja de estar pendiente de alguien a quien no importas, deja todo y sé libre, créeme valdrá la pena.

 

A los que juegan a perderte déjales adjudicarse. A los que juegan a perderte déjales llegar, puesto que no valoraron el tremendo apego que significaste. A los que juegan a perderte, permíteles un espacio ausente de ti, de pruritos latentes, de espejismos sin hacer y de oscuridades frías. De tardes sin tus ósculos, sin domingos sin tus carantoñas. Porque tú no perdiste, él está sin ti. Déjale percibir, tú sobrevivirás, encontrarás tu motivo entre el amanecer; ahora no te derrumbarás al notar la ingenuidad. Porque no hay ninguno en el cosmos tan fuerte como tú. Al anochecer volverás a manifestarse. Si juega a perderte, déjalo allá, no sufras más cariño, no desgarres tu meollo, pensando en lo que de tu edad se fue. Este te buscará entre los derribos de su separación, ahí adonde ahora no estás tú. Ya no tendrás que sobrevivir mintiéndote, diciéndote que este empeño es ferviente; incluso cuando por adentro tu interior, sufre. Pues recuerda, que el alma, le pertenece a la sonrisa que le hace sonreír. A los que juegan a perderte, déjales ingresar, puesto que tú eres demasiado aprecio para tanta nulidad, para tan pasividad para tanto desamor, y para tanta ausencia de afición y fidelidades dulces.

A los que juegan a perderte déjales ganar. En muchas ocasiones nosotros nos aferramos a amores malos, simplemente por mero gusto, costumbre o hasta pinceladas de efímero placer, que no pasa de una noche. Y a veces por muy bueno que sea la relación íntima con alguien o por cualquier razón, nosotros como personas debemos valorar nuestra presencia y lo que aportamos a la otra persona. De no hacerlo, corremos el riesgo, de estar atrapados en una mala relación, y nos perdemos de buenas experiencias.

Es por eso, que necesitamos dejar que la gente que no quiere estar, que no se quiere quedar; que tome vuelo, que parta, que se marche. No podemos mantener aferrados a los ausentes, aunque sus cuerpos están aquí, sus mentes divagan en un mar de pasiones, en las cuales nosotros; ya no estamos.

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